no busco bendiciones de sacerdotes ateos,
las palabras veneno indecible, que pronuncian
olvidos, rencores, nombres, deseos, nombres,
rencores, nombres, un nombre.
¿Cuál es el destino que espero en
las tardes de recuerdos?,
¿cuántas tardes decidí quedarme?.
Mi silencio es un grito extremo de
inocente suplicante,
soy como el preso de Kafka, que se pone
él solo la soga al cuello,
soy ese niño al que nunca lo han amado.
Yo, no soy yo, soy una palabra ciega
que el abismo escribió en mi cuerpo.

