martes, 18 de octubre de 2011

Señal




  déjame atraparte en las colinas, tomar de tu miel acida y vivir
  solo una vez, atrapar la luz que cae en la tarde de un corazón
  quebrantado y observar sus latidos.

  Encontrarme solitario en casas abandonadas, y te aferras a mi
  dándome tu calor de éxtasis.
  
   Atrapé la tarde más tarde del mundo, y la hice mía, le di un
   nombre, la amé con amor de cielo, rompí sus cuerdas y desvanecí
   sus momentos inertes.
   Solo quedan un su mente sombras de no nacer, viejas cosas que
   encierran los recuerdos y se tienen o no pero están
   palpitando sin reservas, y yo soy un recuerdo, un recuerdo mío y tuyo
   y tú eres un recuerdo, un recuerdo olvidado.

   Queda un dejo de nostalgia que en cada momento aparece sin que
   pueda entenderlo, esta escondido en el rincón más profundo
   y late con vida propia, dejando al descubierto todo lo que uno
   trata de esconder.

   Y me escondo de mi mismo, pero aflora en mí, está tan presente,
    tan  conciente en mi que es parte de mi esta melancolía de vida.





                                   SOSIEGO.


Llena horas y mi preguntó en mi cuarto, la búsqueda es propia
sin intermediarios, nadie llena, ni nadie da un sosiego que alivie
heridas inexistentes.




  
                                  ATRAPADO


Y en el espacio que perdí, me encontré, y me puse un nombre,
alguien estaba conmigo,
alguien abrió la puerta de mi celda,
mi corazón no se revela contra ella, solo contra el encierro que
me atrapa pero tengo la palabra





                        MIEDO




Buscando la clave de este escenario,
un manto de incierto se encubre en el horizonte.

El reflejo de un día que no tiene horas
se avecina, ya estoy y vacilo.




                           ECOS DE UNA SALIDA








Ella juega con sus sonidos, y llora para encontrar a alguien,
pero el juego de la vida le deja en su mente ecos de una salida,
pierde sus días entre ilusiones y sus manos desdibujan lo dibujado.




  
                      SIMPLEMENTE MAÑANAS DE BUSQUEDAS.



                                                   

Toda mañana es nueva en la búsqueda de las horas que sin sentido se
ahogaron en el lejano llano de cuentos y estrofas que entonan las mandrágoras
sedativas.

Y queda solo en el viento el susurro de seguir hasta que todo tenga sentido.






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