estoy en las catapultas de este bardo y no puede encontrarte entre tantas caras
destruidas por el dolor de no encontrarse con su mundo de
libertad.
¡No te puedo escuchar!
pero tu me puede ver,
y no me lo puedes decir,
extiendeme tu mano con tu pecho dormido,
con tus pechos llenos de historias
que agonizan lejos de tus frutos.
Veo tristes miradas que no
quieren estar acá
ya no pueden llorar,
ni perder una lágrima en la oscuridad
su ojos envejecieron de tanta nada que les dan.
¿Dónde no estas?,
si te veo en cada uno de los rostros rotos
por la incertidumbre de ahogarse en pena
por algo que se va.
Si te escucho en esas voces de hastío
que pregonan nombres.
¡Ya no eres única!

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